Artículo escrito y revisado por Sergio Gallego de Lerma Díaz, Psicólogo General Sanitario, colegiado M-34431 y miembro del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid.
Hay personas que no tienen especialmente miedo a su trabajo, pero sí a su jefe. Pueden hacer bien sus tareas y relacionarse con normalidad con sus compañeros, pero basta con recibir un mensaje de su responsable diciendo que quiere hablar para empezar a pensar qué habrá pasado o si habrán hecho algo mal.
Otras veces esto va apareciendo poco a poco. Después de trabajar durante un tiempo con una persona muy crítica, imprevisible o difícil de leer, empiezas a estar pendiente de cómo viene ese día, del tono con el que te habla o de si hoy ha sido más seco contigo de lo habitual.
Y aquí me parece importante no simplificar. Puede haber una preocupación excesiva por tu parte, puede existir realmente una forma de trato que te esté generando estrés y, muchas veces, ambas cosas acaban mezclándose. Por eso lo primero es entender qué está pasando realmente en esa relación.
¿Por qué me pongo nervioso cuando tengo que hablar con mi jefe?
Es lógico que la opinión de tu jefe te importe. Es quien supervisa tu trabajo, puede corregirte, pedirte explicaciones o tomar decisiones que te afectan. El problema es cuando una conversación normal empieza a vivirse casi siempre como algo para lo que tienes que prepararte.
Antes de hablar con él puedes encontrarte haciendo cosas como:
Una de las cosas que suelo preguntar en consulta es qué crees exactamente que puede pasar cuando hables con él. No es lo mismo tener miedo a una crítica por un error concreto que llevar meses trabajando con alguien cuyas reacciones nunca sabes por dónde van a salir.
¿Por qué estoy tan pendiente de cómo me habla mi jefe?
Cuando llevas un tiempo preocupado por la relación con tu jefe, es fácil empezar a fijarte en cosas que antes probablemente te habrían pasado desapercibidas: si está más serio, si ha tardado más en contestarte, si su mensaje ha sido demasiado corto o si con otro compañero parecía más cercano.
El problema es que muchas de estas señales pueden significar algo o no significar absolutamente nada. Y si necesitas averiguarlo, empiezas a buscar más información. Por ejemplo:
Aquí suelo intentar separar lo que sabemos de lo que estamos suponiendo. Que tu jefe te haya descalificado delante de otras personas describe algo que ha ocurrido. Pensar que está decepcionado contigo porque hoy ha hablado menos es una interpretación. Puede ser cierta, pero todavía no lo sabes.
¿Por qué necesito preguntar a mis compañeros qué opinan?
Es bastante habitual que, después de una conversación que te ha dejado preocupado, preguntes a un compañero cómo la ha visto. El problema no está en hacerlo alguna vez, sino en necesitar que los demás te confirmen continuamente que tu jefe no está enfadado contigo o que no has hecho nada mal.
Puedes empezar a preguntar cosas como:
Si te dicen que no han notado nada raro, probablemente te quedes más tranquilo. Pero si esa tranquilidad dura hasta la siguiente interacción dudosa, vuelves a necesitar otra confirmación.
Es ahí donde me fijaría. Cada duda termina necesitando una nueva comprobación y, poco a poco, puedes acabar estando todavía más pendiente de la relación.
¿Por qué evito hablar con mi jefe?
No siempre se evita de una forma evidente. Muchas veces son pequeños cambios que parecen razonables por separado, pero que empiezan a repetirse:
Si consigues evitar una conversación que te preocupa, también evitas el malestar que te habría producido. Por eso es fácil volver a hacerlo.
El problema aparece cuando una cuestión laboral sencilla empieza a necesitar mucha preparación o cuando dejas de hacer cosas que forman parte de tu trabajo para no enfrentarte a una posible reacción de tu jefe. En ese momento, el problema ya está interfiriendo en tu manera de trabajar.
¿Y si mi jefe realmente me trata mal?
Esta es una parte que para mí es especialmente importante. No tendría sentido trabajar con una persona para que deje de interpretar negativamente a su jefe sin haber valorado antes cómo la está tratando ese jefe.
Hay situaciones ambiguas, como un correo más seco de lo habitual o una respuesta breve. Pero también hay comportamientos mucho más claros:
No hace falta que aparezcan todas estas conductas para que exista un problema laboral. Tampoco su presencia permite concluir automáticamente que exista acoso.
Lo que sí cambia es el planteamiento. Si hay un problema real de trato, la solución no consiste simplemente en aprender a llevar mejor la ansiedad. Podemos trabajar cómo te está afectando, cómo responder, qué límites puedes establecer o qué decisiones necesitas tomar, pero hay una parte del problema que pertenece al contexto laboral.
¿Una mala relación con mi jefe significa que exite acoso laboral?
No necesariamente. Tener un jefe difícil, recibir críticas o mantener conflictos con él no permite concluir por sí solo que exista acoso laboral.
Si hay conductas graves o reiteradas, habría que valorar exactamente qué está ocurriendo, desde cuándo y en qué contexto. Si pudiera existir una situación de acoso, no lo abordaría únicamente como un problema psicológico.
En España puede ser necesario valorar también las vías de prevención de riesgos laborales, los procedimientos internos de la empresa, la representación de los trabajadores o, cuando corresponda, asesoramiento jurídico. La terapia puede trabajar las consecuencias psicológicas de lo que estás viviendo, pero no sustituye estas actuaciones.
¿Es un problema con mi jefe o inseguridad en el trabajo?
Las dos cosas pueden mezclarse. Si ya dudas mucho de tu trabajo, tener un jefe crítico puede aumentar esas dudas. Y después de trabajar durante mucho tiempo con alguien que cuestiona continuamente lo que haces también puedes acabar perdiendo seguridad.
Me fijaría especialmente en dos cosas:
No es una regla para diagnosticar nada, pero sí una buena forma de empezar a ordenar el problema. Si lo que predomina es la duda sobre tu propia capacidad, puedes leer cómo superar la inseguridad en el trabajo.
¿Cómo saber si estoy interpretando demasiado lo que hace mi jefe?
Aquí intentaría no darle más vueltas mentalmente. Es más útil coger varias situaciones recientes y separar cuatro cosas:
Hazlo con varias situaciones. Lo interesante no es que alguna vez te hayas preocupado sin motivo, porque eso nos ocurre a todos, sino comprobar si existe un patrón: cuántas veces anticipas que algo va mal, cuánto tiempo dedicas a comprobarlo y qué termina ocurriendo realmente.
Y puede servir también para descubrir lo contrario. Si al dejar de hablar de “sensaciones” y revisar hechos concretos aparecen una y otra vez determinados comportamientos de tu jefe, tendremos más información para valorar cuánto del problema está realmente en esa relación.
¿Qué puedo hacer si mi jefe me genera ansiedad?
Yo empezaría por observar qué haces cuando aparece la preocupación. Hay algunas conductas que merece la pena revisar si se han convertido en algo habitual:
No hace falta intentar cambiar todo a la vez. Puedes empezar por una conducta que veas claramente excesiva y reducirla. Por ejemplo, hacer una pregunta sin prepararla durante media hora o no pedir inmediatamente otra opinión después de una conversación que te ha dejado con dudas.
Tampoco buscaría como objetivo que deje de importarte lo que piensa tu jefe. Lo razonable es que te importe hasta cierto punto. Lo que buscamos es que no necesites saber continuamente que todo está bien para poder trabajar con normalidad.
Si el problema continúa fuera de la jornada y pasas buena parte de tu tiempo libre repasando conversaciones o anticipando el día siguiente, puedes leer por qué no consigues desconectar del trabajo y qué puedes hacer.
Y si lo que ocurre es que estás aceptando continuamente tareas o responsabilidades que ya no puedes asumir porque piensas “mejor no le digo que no”, “se va a enfadar” o “va a pensar que no puedo con mi trabajo”, el problema se acerca más a no poner límites en el trabajo y acabar asumiendo cada vez más carga.

¿Cómo se trabaja en terapia el estrés relacionado con tu jefe?
Cuando alguien llega a consulta diciendo “mi jefe me genera ansiedad”, una de las primeras cosas que intento aclarar es qué está haciendo realmente ese jefe. No trabajaría igual con una persona que lleva meses intentando interpretar cada gesto de su responsable que con alguien que está recibiendo un trato objetivamente perjudicial.
También quiero saber qué está haciendo la persona para manejarlo:
A partir de ahí el tratamiento puede ser bastante diferente. En algunos casos habrá que reducir la anticipación y las comprobaciones; en otros, afrontar conversaciones que se estaban evitando, trabajar límites o recuperar la capacidad para desconectar. Y habrá situaciones en las que una parte importante del trabajo sea pensar con claridad qué hacer ante unas condiciones laborales que están produciendo un desgaste real.
Si este problema está afectando a tu descanso, tu estado de ánimo o tu vida cotidiana, puedes consultar cómo trabajo mediante terapia online para el estrés laboral con adultos en España y otros países de Europa.
Preguntas frecuentes
¿Por qué me da ansiedad hablar con mi jefe?
Puede ser porque hayas tenido experiencias negativas con esa persona, porque no sepas cómo va a reaccionar o porque tengas miedo a una crítica y a sus posibles consecuencias. En otros casos, llevas tanto tiempo anticipando esas conversaciones que empiezas a ponerte nervioso antes de que ocurra nada. Para entenderlo hay que concretar qué temes que pase en tu caso.
¿Puede mi jefe generarme ansiedad aunque no me trate mal?
Sí. No hace falta que existan gritos o descalificaciones. Trabajar con instrucciones poco claras, sentirte continuamente supervisado o no saber cómo va a reaccionar tu responsable puede generar bastante desgaste. También puede ocurrir que hayas empezado a estar demasiado pendiente de sus reacciones aunque objetivamente no exista un trato inadecuado.
¿Cómo sé si el problema es mi jefe o mi forma de reaccionar?
No siempre hay que elegir entre una cosa y la otra. Es frecuente que se mezclen. Por eso conviene revisar qué está ocurriendo realmente en situaciones concretas, cómo estás respondiendo tú y desde cuándo se mantiene esa dinámica.
¿Sirve la terapia si el problema está realmente en mi trabajo?
Sí, aunque el objetivo cambia. Podemos trabajar las consecuencias psicológicas, los límites, la forma de afrontar determinadas conversaciones o la toma de decisiones. Lo que no tendría sentido sería utilizar la terapia únicamente para conseguir que toleres mejor una situación laboral que está siendo perjudicial.
Autoría y revisión profesional
Este contenido tiene finalidad informativa y no sustituye una evaluación psicológica individual.
Artículo escrito y revisado por Sergio Gallego de Lerma Díaz, Psicólogo General Sanitario, colegiado M-34431. En consulta trabajo con adultos que presentan estrés y ansiedad relacionados con el trabajo, especialmente cuando la relación con un responsable, la preocupación por sus reacciones, la evitación de determinadas conversaciones o la dificultad para desconectar empiezan a condicionar su bienestar dentro y fuera del trabajo.

Referencias bibliográficas

Psicólogo General Sanitario, colegiado M-34431, especializado en terapia psicológica online para adultos y parejas. Cuenta con formación en Terapia Cognitivo-Conductual, terapias contextuales y de tercera generación, EMDR, Activación Conductual y terapia de pareja, entre otros enfoques basados en la evidencia. En El Psicólogo Virtual aborda problemas como ansiedad, TOC y pensamientos obsesivos, depresión, trauma, dificultades de pareja, autoestima, estrés laboral, insomnio y otros problemas emocionales. Los contenidos de esta web están elaborados desde una perspectiva profesional y divulgativa, apoyándose en la evidencia científica y en la experiencia clínica.


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