No me gusta cómo soy: ¿por qué me cuesta tanto aceptarme?

Piezas con la palabra «yourself» que representan la dificultad para aceptarse a uno mismo

Artículo escrito y revisado por Sergio Gallego de Lerma Díaz, Psicólogo General Sanitario, colegiado M-34431 y miembro del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid.

Cuando alguien piensa «no me gusta cómo soy», el problema no siempre está en una característica concreta. Puede no gustarle ser reservado, sensible, poco expresivo o reaccionar de determinada manera, pero lo que termina generando más malestar es la conclusión a la que llega a partir de ello: «no me gusta la persona que soy».

Cuando alguien me plantea esto en consulta, una de las primeras cosas que necesito saber es qué cambiaría exactamente de sí mismo. La respuesta ayuda a diferenciar entre querer modificar determinados comportamientos y sentir un rechazo mucho más amplio hacia la propia forma de ser.

No necesitamos estar satisfechos con todo lo que hacemos ni con todas nuestras características. La dificultad aparece cuando algunas partes de nosotros empiezan a parecernos incompatibles con la persona que creemos que deberíamos ser y dejamos de rechazarlas únicamente a ellas para empezar a rechazarnos también a nosotros.

¿Por qué no me gusta cómo soy?

«No me gusta cómo soy» es una conclusión demasiado general para saber qué está ocurriendo. Por eso, una de las primeras cosas que conviene hacer es traducirla a algo concreto: qué parte de ti no te gusta, en qué situaciones aparece y qué tiene de malo para ti ser así.

Detrás de esa valoración pueden aparecer pensamientos bastante diferentes:

«No me gusta ser tan sensible».
«Soy demasiado reservado».
«Me gustaría tener más carácter».
«Querría ser más espontáneo».
«No me gusta cómo reacciono cuando algo me afecta».
«Me cuesta expresar lo que siento y odio ser así».
«Cambiaría bastantes cosas de mi personalidad».

Querer modificar alguna de estas características no significa necesariamente tener un problema de autoestima. La información más importante aparece cuando preguntamos qué significa para ti tenerla. Puedes querer ser más expresivo porque crees que mejoraría algunas de tus relaciones o considerar que ser poco expresivo demuestra que hay algo equivocado en tu forma de ser. La característica puede ser la misma, pero la valoración que haces de ti a partir de ella es muy diferente.

¿Por qué rechazo mi forma de ser?

Todos podemos identificar características propias que preferiríamos cambiar. Sin embargo, algunas terminan adquiriendo tanto peso que dejan de percibirse como una parte concreta de nosotros y empiezan a determinar la valoración que hacemos de nuestra forma de ser.

Por ejemplo, «me cuesta abrirme cuando conozco a alguien» puede convertirse en «odio ser tan reservado». «Hay situaciones en las que soy especialmente sensible» puede terminar en «no soporto ser una persona tan sensible». Lo mismo puede ocurrir con la forma de expresar afecto, el temperamento o determinadas maneras de reaccionar.

Una pregunta útil consiste en identificar qué características no solo cambiarías, sino cuáles sientes que no deberías tener. Cuando esa diferencia se pierde, una parte concreta puede terminar ocupando tanto espacio que deja de sentirse como «algo mío que no me gusta» y pasa a convertirse en «no me gusta quién soy».

¿Por qué siento que debería ser diferente?

Una vez identificadas las características que rechazas, merece la pena hacer el ejercicio contrario: describir cómo sería la persona que sí considerarías aceptable.

Quizá pienses que deberías ser más abierto, más firme, menos sensible, más espontáneo, más tranquilo o más expresivo. El problema no está necesariamente en preferir esas características. Lo interesante es comprobar qué distancia has construido entre la persona que eres y aquella que consideras que deberías ser.

Esa diferencia puede acabar funcionando como una condición: «cuando consiga ser así, estaré bien conmigo». En algunas personas, esta imagen de cómo deberían ser también se alimenta al observar determinadas características en otros. Cuando el problema principal no es tanto rechazar cómo eres, sino acabar concluyendo que los demás son mejores que tú, la comparación está funcionando de una manera diferente y conviene analizarla por separado.

¿Cuándo empezaste a pensar que ser así era un problema?

No siempre hemos rechazado de la misma manera las características que ahora nos molestan. A veces merece la pena preguntarse cuándo empezaste a considerar que una determinada forma de ser era algo que necesitabas cambiar y qué experiencias contribuyeron a que adquiriera ese significado.

Puede haber influido que durante años recibieras determinados mensajes sobre tu carácter, que algunas reacciones fueran mal recibidas o que aprendieras que ciertas características eran preferibles a otras. Por ejemplo, ser sensible puede dejar de vivirse simplemente como una característica cuando durante mucho tiempo se ha asociado con ser débil; ser reservado puede convertirse en algo que rechazas si has aprendido que para desenvolverte bien deberías ser mucho más abierto.

Revisar ese aprendizaje no sirve para buscar un culpable ni significa que todo tenga que explicarse por el pasado. Sirve para entender por qué una característica concreta ha terminado teniendo tanto peso en la forma en la que te valoras actualmente. Algo que hoy parece una evidencia —«ser así está mal»— puede ser una conclusión que has ido construyendo y que merece la pena revisar.

¿Por qué sigo sin gustarme aunque haya cambiado?

Este es uno de los puntos que más información puede aportar. Cuando alguien lleva años intentando cambiar su forma de ser, en consulta me interesa revisar qué cosas consideraba imprescindible modificar hace tiempo y qué ocurrió cuando alguna de ellas efectivamente cambió.

A veces encontramos cambios importantes. La persona ha aprendido a expresarse mejor, ha dejado atrás determinadas maneras de reaccionar o ha desarrollado habilidades que antes echaba de menos. Sin embargo, aquello no produjo el cambio esperado en la relación consigo misma: otra característica empezó a ocupar el lugar de la anterior.

Si reconoces este patrón, merece la pena preguntarte cuántas cosas has considerado necesarias para poder estar bien contigo y qué ocurrió después de conseguirlas. Puede que algunos cambios sigan siendo importantes, pero quizá el problema no pueda resolverse únicamente acumulando nuevas versiones de ti hasta encontrar una que finalmente te guste.

¿Qué significa aceptarse a uno mismo?

Aceptarse puede confundirse con conformarse, pensar positivamente sobre uno mismo o tener que considerar buenas todas las características propias. No significa ninguna de esas cosas.

Puedes reconocer que reaccionas de una manera que te perjudica y trabajar para cambiarla. Puedes querer aprender a comunicarte mejor, modificar determinados hábitos o desarrollar habilidades que actualmente no tienes. También puedes reconocer que algunas características forman parte de tu manera habitual de ser y decidir cómo quieres manejarlas.

Aceptarte no exige que todo en ti te guste. Implica poder distinguir entre reconocer algo que quieres modificar y utilizar su existencia como motivo para rechazar globalmente a la persona que eres. Esta capacidad de reconocerte sin reducir todo tu valor a aquello que no te gusta forma parte de la autoestima y de la manera en la que construimos nuestra valoración personal. Desde ahí sigue siendo posible cambiar, pero el cambio deja de ser el requisito previo para poder estar bien contigo.

Cómo saber qué es lo que realmente no te gusta de ti

Si la frase «no me gusta cómo soy» aparece con frecuencia, puede ser útil observar durante unos días qué ocurre justo antes. No hace falta intentar sustituirla por un pensamiento positivo ni convencerte de lo contrario. Primero interesa entender cómo has llegado a esa conclusión.

Cada vez que aparezca, puedes anotar:

qué acaba de ocurrir;
qué característica tuya has detectado;
qué es exactamente lo que no te ha gustado;
cómo crees que deberías haber sido en esa situación;
qué conclusión has sacado sobre ti;
qué has hecho después.

Cuando tengas varias situaciones, compáralas. Quizá descubras que circunstancias muy diferentes terminan siempre señalando las mismas dos o tres características. También puedes comprobar si la conclusión guarda proporción con lo ocurrido: ¿estás describiendo algo concreto que quieres cambiar o has pasado de nuevo de una parte de ti a valorar negativamente quién eres?

Infografía sobre por qué puede costarnos aceptar nuestra forma de ser y qué mantiene el rechazo hacia uno mismo

Una pregunta que utilizo en terapia cuando alguien no se acepta

Cuando alguien expresa un rechazo persistente hacia su forma de ser, hay una pregunta que me resulta especialmente útil: «¿Qué tendría que cambiar de ti para que pudieras estar bien siendo tú?»

Intentamos responderla de manera concreta y después revisamos esa respuesta. Me interesa saber desde cuándo cada característica tiene tanta importancia, qué significaría que alguna no cambiara, qué aspectos ha intentado modificar anteriormente y qué ocurrió cuando lo consiguió.

Aceptarte no exige que todo en ti te guste. Implica poder distinguir entre reconocer algo que quieres modificar y utilizar su existencia como motivo para rechazar globalmente a la persona que eres. Desde ahí sigue siendo posible cambiar, pero el cambio deja de ser el requisito previo para poder estar bien contigo.

¿Cuándo no aceptarte como eres empieza a ser un problema?

No necesitas ayuda psicológica simplemente porque haya aspectos de tu personalidad que no te gusten. Para valorar la importancia del problema resulta más útil observar cuánto espacio ocupa ese rechazo y qué consecuencias está teniendo.

Puede estar afectándote de manera significativa cuando:

dedicas mucha energía a intentar cambiar aspectos de tu forma de ser;
ocultas sistemáticamente características que consideras inaceptables;
sientes un rechazo amplio hacia tu personalidad y no solo hacia conductas concretas;
has cambiado diferentes cosas y siempre aparece otra que parece imprescindible modificar;
evitas situaciones en las que podrían aparecer las partes de ti que rechazas;
imaginas que podrás empezar a estar bien cuando seas una persona diferente.

En estas situaciones, el problema ya no consiste simplemente en querer mejorar. La relación que mantienes con tu forma de ser empieza a condicionar cómo vives, qué partes de ti muestras y qué experiencias te permites tener. Cuando, además de rechazarlas, intentas que otras personas no lleguen a conocer determinadas características porque crees que cambiarían su opinión sobre ti, el problema puede expresarse de otra manera: te da vergüenza que los demás vean cómo eres.

¿Cómo se trabaja la falta de autoaceptación en terapia?

Cuando alguien llega a consulta diciendo «no me gusta cómo soy», no parto de que tenga que aprender a quererse ni intento convencerle de que todas sus características son buenas. Primero necesitamos entender qué rechaza exactamente, por qué esa característica tiene tanta importancia y cómo ha terminado extendiéndose a una valoración más amplia de sí mismo.

El trabajo puede incluir identificar qué aspectos se han convertido en inaceptables, diferenciar aquello que realmente quiere modificar de aquello que siente que necesita eliminar, revisar la persona que considera que debería ser y comprobar qué ocurre cuando consigue alguno de los cambios que buscaba. Esto permite trabajar sobre problemas concretos sin mantener la idea de que toda su forma de ser necesita ser corregida.

En terapia me interesa llevarlo a situaciones reales. «Quiero aceptarme» es demasiado amplio para trabajar directamente; saber que alguien lleva años intentando dejar de ser sensible, reservado o poco expresivo porque considera que solo entonces podrá estar bien consigo mismo nos permite entender mucho mejor qué está manteniendo el problema. Si esta forma de relacionarte contigo lleva tiempo generándote malestar o condicionando tu vida, puedes conocer cómo abordo estos problemas en terapia online para autoestima, disponible para adultos en España y otros países de Europa.

Preguntas frecuentes sobre no gustarte cómo eres

¿Por qué no me gusta mi forma de ser?

Puede ocurrir cuando determinadas características adquieren demasiado peso en la valoración que haces de ti y empiezas a considerarlas incompatibles con la persona que crees que deberías ser. Por eso conviene concretar qué significa «no me gusto» en tu caso, en lugar de tratarlo como una valoración única.

¿Cómo puedo aceptarme si hay cosas de mí que quiero cambiar?

No necesitas renunciar al cambio para aceptarte. Puedes trabajar sobre comportamientos o características que te perjudican sin convertir su modificación en una condición para poder estar bien contigo. La diferencia está entre «quiero cambiar esto» y «no puedo aceptarme mientras siga siendo así».

¿Aceptarme significa que tiene que gustarme todo de mí?

No. Puedes reconocer características que no te gustan, conductas que quieres cambiar y errores que necesitas corregir. La autoaceptación no exige hacer una valoración positiva de todo lo que eres o haces.

¿Por qué cambio cosas de mí y sigo sin gustarme?

En algunos casos, después de conseguir un cambio aparece otra característica que también parece imprescindible modificar. Si esto ocurre repetidamente, puede ser útil revisar no solo qué quieres cambiar, sino qué condiciones estás utilizando para decidir cuándo podrás estar bien contigo.

¿No gustarme cómo soy significa que tengo baja autoestima?

Puede estar relacionado cuando el rechazo deja de limitarse a características o comportamientos concretos y se extiende hacia una valoración negativa más global de ti. Sin embargo, querer modificar aspectos de tu personalidad no implica por sí mismo tener un problema de autoestima.

¿Cuándo puede ayudarme la terapia?

Puede ser útil cuando el rechazo hacia tu forma de ser es persistente, genera un malestar importante, condiciona lo que haces o sientes que necesitarías convertirte en una persona considerablemente diferente antes de poder estar bien contigo.

Autoría y revisión profesional

Este contenido tiene finalidad informativa y no sustituye una evaluación psicológica individual.

Artículo escrito y revisado por Sergio Gallego de Lerma Díaz, Psicólogo General Sanitario, colegiado M-34431. En mi práctica clínica trabajo con personas que no solo quieren cambiar determinados aspectos de sí mismas, sino que llevan tiempo sintiendo que su forma de ser actual es el problema. En estos casos resulta especialmente útil concretar qué características han terminado rechazando, qué han intentado cambiar y qué versión de sí mismas consideran necesaria para poder estar bien.

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Sergio Gallego de Lerma Díaz, psicólogo general Sanitario, número colegiado M-34431
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Psicólogo General Sanitario, colegiado M-34431, especializado en terapia psicológica online para adultos y parejas. Cuenta con formación en Terapia Cognitivo-Conductual, terapias contextuales y de tercera generación, EMDR, Activación Conductual y terapia de pareja, entre otros enfoques basados en la evidencia. En El Psicólogo Virtual aborda problemas como ansiedad, TOC y pensamientos obsesivos, depresión, trauma, dificultades de pareja, autoestima, estrés laboral, insomnio y otros problemas emocionales. Los contenidos de esta web están elaborados desde una perspectiva profesional y divulgativa, apoyándose en la evidencia científica y en la experiencia clínica.

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