Artículo escrito y revisado por Sergio Gallego de Lerma Díaz, Psicólogo General Sanitario, colegiado M-34431 y miembro del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid.
Puedes saber que tu pareja se siente atraída por ti, haber recibido cumplidos y tener fotografías en las que objetivamente reconoces que no has salido mal. Aun así, te miras al espejo y piensas: «yo no me veo como me ven los demás».
Cuando alguien me plantea esto en consulta, no intento averiguar quién tiene razón sobre su atractivo. Me interesa algo bastante más útil: qué utiliza esa persona para decidir cómo es físicamente y qué ocurre con toda la información que contradice la imagen negativa que mantiene de sí misma.
Porque recibir opiniones positivas no garantiza que vayan a modificar cómo te ves. Puedes encontrar una explicación para cada una de ellas y, al mismo tiempo, utilizar una fotografía, un comentario o una característica concreta como una prueba mucho más fiable de cómo eres. Entender por qué unas evidencias cuentan y otras no permite analizar el problema de una forma mucho más concreta que intentar convencerte de que deberías gustarte.
¿Qué ves exactamente cuando dices «me veo fea»?
«Me veo fea» parece describir lo que estás viendo, pero en realidad contiene ya una valoración. Si queremos entender qué ocurre, necesitamos retroceder unos segundos y separar lo que observas de lo que concluyes a partir de ello.
Por ejemplo, estas afirmaciones no dicen lo mismo:
Todo esto puede ocurrir mentalmente en pocos segundos y experimentarse como una única conclusión: «me veo fatal». Una de las primeras cosas que interesa analizar es en qué momento una característica concreta deja de describir una parte de tu aspecto y empieza a decir algo mucho más amplio sobre ti.
¿Qué utilizas como prueba de cómo eres físicamente?
Si piensas que eres poco atractiva, probablemente puedas encontrar ejemplos que parecen demostrarlo. El problema es que disponer de ejemplos no nos dice todavía cómo los has seleccionado ni cuánto peso les estás dando respecto al resto de información disponible.
Fíjate en cuáles utilizas habitualmente:
Ahora hazte una pregunta diferente: ¿qué información existe que no encaja tan bien con esa conclusión? No necesitamos convertirla inmediatamente en prueba de que eres atractiva. Solo comprobar si fotografías que sí te gustan, personas que se han sentido atraídas por ti o comentarios positivos reciben la misma consideración que aquello que confirma cómo ya te ves.
¿Por qué un comentario negativo puede pesar más que cinco positivos?
Imagina que durante un mes cuatro personas hacen comentarios positivos sobre tu aspecto y una hace uno negativo. Es posible que, semanas después, recuerdes con mucha más precisión este último.
Pero observa qué explicación recibe cada tipo de información:
La cuestión no es obligarte a aceptar como verdadero cualquier comentario positivo. Es comprobar si estás utilizando reglas diferentes para aceptar la información dependiendo de si confirma o contradice lo que ya pensabas. Si la evidencia favorable necesita superar continuamente un examen y la desfavorable entra directamente como prueba, tu conclusión dispone de muchas oportunidades para confirmarse y muy pocas para modificarse.
¿Qué haces cuando te dicen que eres guapa y no te lo crees?
Responder «no es verdad» es solo una posibilidad. Muchas veces el rechazo del cumplido ocurre internamente y de una manera mucho más elaborada. Puedes pensar:
Algunas de estas explicaciones pueden ser ciertas. Lo relevante es comprobar si siempre aparece alguna cuando la información no coincide con tu imagen previa.
Prueba con los últimos cinco comentarios favorables que recuerdes sobre tu aspecto. Escribe qué te dijeron y qué pensaste inmediatamente después. Luego pregúntate: «¿habría cuestionado de la misma manera este comentario si hubiera sido negativo?». La respuesta permite observar cómo estás procesando la información sin necesidad de decidir quién tiene razón sobre tu atractivo.
¿Cómo miras tu cuerpo cuando ya esperas encontrar algo que no te gusta?
Mirarte al espejo no implica necesariamente observar tu aspecto completo. Puedes entrar al baño y dirigir la mirada casi automáticamente hacia aquello que ya sabes que te preocupa. Puede ocurrir que:
La investigación sobre imagen corporal ha estudiado precisamente los sesgos atencionales hacia estímulos relacionados con el aspecto en personas con mayor insatisfacción corporal.
Una pregunta útil no es solamente «¿qué no me gusta?», sino «¿cómo compruebo aquello que no me gusta?». Si llevas años examinando especialmente una característica, tendrás muchísima información sobre cada pequeña variación de esa parte y mucha menos sobre cómo percibes tu aspecto cuando no la estás buscando deliberadamente.
¿Cuándo empezaste a mirar tu físico de esta manera?
No siempre damos la misma importancia a nuestro aspecto. Hay características que durante años apenas nos preocuparon y que empezaron a ocupar mucho más espacio después de determinadas experiencias: burlas en el colegio, comentarios sobre el peso en casa, cambios durante la adolescencia o una relación en la que recibiste críticas o comparaciones sobre tu apariencia.
Cuando alguien me cuenta algo así, no me interesa únicamente saber qué ocurrió. Necesito saber qué empezó a pensar sobre su físico a partir de aquello. Si durante años hicieron comentarios sobre tus dientes, quizá empezaste a pensar que era una de las primeras cosas en las que los demás se fijaban y todavía hoy los miras antes que cualquier otra cosa cuando ves una fotografía.
Para comprobar si alguna experiencia anterior sigue influyendo actualmente, puedes preguntarte:
El pasado nos interesa especialmente cuando ayuda a entender algo que continúa ocurriendo en el presente.
¿Cuánto influye tu físico en cómo te valoras?
Que no te guste una parte de tu cuerpo no significa necesariamente que tengas baja autoestima. La relación aparece con más claridad cuando el físico empieza a determinar cómo te valoras: cuando piensas que siendo más atractivo tendrías más valor, resultarías más interesante para los demás o dejarías de sentir que estás por debajo.
Una pregunta que utilizo para diferenciarlo es: «Si mañana esta parte de tu físico cambiara exactamente como quieres, ¿qué cambiaría en la opinión que tienes sobre ti?». Si la respuesta va más allá de que te gustaría más esa característica y aparecen ideas relacionadas con sentirte suficiente, más valioso o a la altura de los demás, el aspecto está adquiriendo un significado mucho mayor.
También puede ocurrir que utilices directamente el físico para establecer una jerarquía: ves a alguien que consideras más atractivo y esa diferencia termina convirtiéndose en la sensación de que esa persona está por encima de ti. Ese mecanismo lo desarrollo específicamente en Me siento inferior a los demás: ¿por qué siempre pienso que son mejores que yo?.
¿Qué haces cuando te ves mal?
Lo que haces durante los minutos siguientes puede ayudarnos a entender por qué la preocupación continúa. Quizá intentas comprobar si realmente te ves tan mal, corregir aquello que has visto o reducir el malestar que acaba de aparecer.
Puede que vuelvas varias veces al espejo, te hagas otra fotografía, te pruebes distintas prendas, preguntes a alguien cómo te ve o compares tu aspecto con el de otra persona. En otras ocasiones puedes intentar que aquello que te preocupa no se vea o directamente evitar una fotografía, una prenda o una situación.
La pregunta importante es qué consigues haciendo todo eso. Si preguntar o comprobar hace que te tranquilices, pero necesitas repetirlo la próxima vez que dudas, el alivio ha sido real pero temporal. Has conseguido encontrarte mejor durante un rato sin modificar necesariamente la forma en la que interpretas tu aspecto.

¿Qué podría hacerte cambiar de opinión sobre tu físico?
Si llevas mucho tiempo viéndote negativamente, merece la pena preguntarte qué tendría que ocurrir para que revisaras realmente esa opinión. A veces el problema no está en que falten experiencias que contradigan lo que piensas, sino en lo que haces con ellas cuando aparecen.
Fíjate si reconoces alguna de estas situaciones:
No necesitas obligarte a interpretar positivamente todo lo que ocurre. Lo relevante es comprobar si utilizas el mismo criterio para valorar la información favorable y la desfavorable. Si casi cualquier experiencia positiva puede descartarse mientras una negativa basta para confirmar lo que ya pensabas, tu forma de verte tiene muchas posibilidades de mantenerse y muy pocas de ser cuestionada.
Analiza la última vez que te viste mal
En lugar de intentar responder por qué «siempre» te ves mal, escoge una situación reciente y concreta. Puede ser una fotografía, mirarte al espejo antes de salir, probarte una prenda o encontrarte con alguien.
Responde por escrito:
Si repites el análisis con dos o tres situaciones, es posible que encuentres patrones bastante concretos. Puedes descubrir qué activa la valoración negativa, qué significa para ti aquello que observas y qué haces después que puede estar contribuyendo a mantener esa forma de verte.
¿Cuándo conviene pedir ayuda?
No gustarte en algunas fotografías, querer cambiar tu peso o preferir determinadas características no significa que exista un problema psicológico. Me interesa más cuánto tiempo ocupa la preocupación, cuánto condiciona lo que haces y cuánto depende de tu aspecto la valoración que haces de ti.
Conviene prestarle especial atención cuando aparecen situaciones como estas:
Cuando existe una preocupación intensa por uno o varios defectos percibidos, aparecen conductas repetitivas o el problema está afectando significativamente a la vida cotidiana, conviene realizar una evaluación específica. No toda preocupación importante por el físico debe explicarse simplemente como baja autoestima.
¿Cómo se trabaja en terapia?
Cuando el físico está condicionando la autoestima, no intento convencer a la persona de que en realidad es atractiva. Me interesa entender qué observa cuando se mira, qué significado atribuye a lo que ve, qué experiencias han contribuido a que determinadas características sean tan importantes y qué hace cuando aparece el malestar.
También necesitamos saber qué espera resolver cambiando su aspecto y qué información utiliza para juzgarse. Una persona puede llevar años intentando responder mediante su físico preguntas que van mucho más allá de él: si es suficiente, cuánto vale, si puede resultar deseable o si está a la altura de los demás.
El trabajo dependerá de lo que encontremos en cada caso. Si tu aspecto está condicionando de forma importante cómo te valoras o lo que haces en tu vida cotidiana, puedes conocer cómo abordo estos problemas en terapia online para autoestima, disponible para adultos en España y otros países de Europa.
Preguntas frecuentes
¿Por qué me veo fea si los demás me dicen que soy guapa?
Porque recibir información positiva sobre tu aspecto no significa necesariamente que esa información modifique la imagen que ya tienes de ti. Si los cumplidos se explican como amabilidad, las fotografías favorables como resultado del ángulo y la información negativa se considera más fiable, puedes recibir opiniones positivas y seguir manteniendo prácticamente intacta la misma conclusión.
¿Por qué algunos días me veo mucho peor?
Tu aspecto puede cambiar de un día a otro, pero también puede cambiar la manera en la que lo observas. El estado de ánimo, aquello en lo que centras la atención o cuánto compruebas una característica pueden hacer que determinados días acabes mucho más pendiente de algo que no te gusta. Por eso resulta útil analizar qué estás mirando y qué haces después, además de cómo crees que te ves.
¿Por qué salgo mal en las fotos aunque los demás digan que no?
Una fotografía recoge un momento, una expresión y unas condiciones concretas. El problema puede aparecer cuando las fotografías que no te gustan adquieren mucho más peso para definir cómo eres que aquellas en las que sí te gustas. En ese caso interesa analizar por qué consideras unas imágenes más representativas de tu aspecto que otras.
¿Las experiencias del pasado pueden afectar a cómo veo mi físico?
Sí pueden influir. Burlas, críticas, comparaciones o comentarios repetidos sobre determinadas características pueden contribuir a que empieces a prestarles una atención especial. Lo relevante es comprobar qué aprendiste sobre tu físico a partir de aquellas experiencias y si esa conclusión sigue influyendo actualmente en cómo te miras o en lo que haces.
¿Tener baja autoestima hace que me vea peor?
Imagen corporal y autoestima están relacionadas, pero no son lo mismo. La relación resulta especialmente importante cuando utilizas tu apariencia como una medida de tu valor personal y sentirte atractivo o poco atractivo modifica de manera importante la opinión que tienes sobre ti.
¿Cuándo debería consultar a un psicólogo?
Cuando la preocupación por tu aspecto ocupa mucho tiempo, genera comprobaciones frecuentes, condiciona relaciones o actividades, hace que evites situaciones o influye de manera importante en cómo te valoras. Una evaluación permite determinar qué está manteniendo concretamente el problema y si la autoestima es realmente el elemento principal.
Autoría y revisión profesional
Este contenido tiene finalidad informativa y no sustituye una evaluación psicológica individual.
Artículo escrito y revisado por Sergio Gallego de Lerma Díaz, Psicólogo General Sanitario, colegiado M-34431. En mi práctica clínica trabajo mediante terapia psicológica online con adultos en España y otros países de Europa. Cuando el aspecto físico tiene un peso importante en la autoestima, me interesa analizar situaciones concretas: qué observa la persona cuando se mira, qué significado atribuye a determinadas características, qué experiencias han influido en esa forma de verse y qué hace cuando aparece el malestar.

Referencias bibliográficas

Psicólogo General Sanitario, colegiado M-34431, especializado en terapia psicológica online para adultos y parejas. Cuenta con formación en Terapia Cognitivo-Conductual, terapias contextuales y de tercera generación, EMDR, Activación Conductual y terapia de pareja, entre otros enfoques basados en la evidencia. En El Psicólogo Virtual aborda problemas como ansiedad, TOC y pensamientos obsesivos, depresión, trauma, dificultades de pareja, autoestima, estrés laboral, insomnio y otros problemas emocionales. Los contenidos de esta web están elaborados desde una perspectiva profesional y divulgativa, apoyándose en la evidencia científica y en la experiencia clínica.


Un comentario en «Me veo fea aunque me digan que no: ¿por qué no consigo verme de otra manera?»