No puedo dejar de estar pendiente de mi cuerpo: cuando la ansiedad hace que compruebes cómo te encuentras

Ilustración de una lupa sobre un cuerpo que representa la vigilancia constante de las sensaciones corporales asociada a la ansiedad

Artículo escrito y revisado por Sergio Gallego de Lerma Díaz, Psicólogo General Sanitario, colegiado M-34431 y miembro del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid.

Hay personas que llegan a consulta y les cuesta mucho explicar qué les ocurre. Dicen cosas como «me siento raro», «sé que todo es real, pero lo noto diferente», «parece que estoy en una película» o «sé que soy yo, pero no termino de sentirme como antes».

En consulta, muchas veces encuentro que la dificultad no está únicamente en lo que la persona nota. Ha empezado a utilizar su cuerpo como una especie de indicador de si puede estar tranquila o no. Puede estar trabajando, hablando con alguien o viendo una película y hacer de repente una revisión interna: «¿cómo estoy ahora?», «¿sigo mareado?», «¿estoy respirando bien?».

Cuando esto se repite, comprobar cómo te encuentras puede convertirse en una conducta casi automática. Ya no solo notas una sensación cuando aparece: empiezas a buscarla para asegurarte de que todo sigue bien.

«Estoy continuamente pendiente de cómo me encuentro»

No siempre resulta evidente que estás comprobando. Hay conductas muy claras, como tomarse el pulso, pero otras pasan fácilmente desapercibidas porque se hacen mentalmente y duran apenas unos segundos. Por ejemplo:

intentar hacer una inspiración profunda para comprobar que puedes respirar bien;
fijarte en si el corazón está latiendo más deprisa;
levantarte o caminar para comprobar si sigues mareado;
observar si notas las piernas débiles;
detenerte unos segundos para ver si una sensación continúa;
comparar cómo estás ahora con cómo estabas hace diez minutos.

Cuando pregunto en consulta cuántas veces se hace esto a lo largo del día, algunas personas se dan cuenta de que es mucho más frecuente de lo que pensaban. La comprobación se ha vuelto tan automática que apenas la identificaban como algo que estaban haciendo.

Por qué la ansiedad puede hacer que prestes tanta atención a tu cuerpo

Nuestro cuerpo cambia constantemente. El corazón no mantiene exactamente el mismo ritmo durante todo el día, la respiración varía según lo que hacemos y podemos notar tensión, cansancio, calor, pequeños desequilibrios o sensaciones digestivas sin que tengan especial importancia.

La diferencia aparece cuando una determinada sensación ha adquirido un significado de amenaza. Si un día un mareo precedió a una crisis de ansiedad, otro mareo puede dejar de ser simplemente un mareo. Ahora puede significar «a ver si estoy empezando otra vez». En ese momento resulta comprensible que quieras observarlo.

Además, estar muy pendiente del cuerpo no significa necesariamente percibirlo con mayor precisión. La investigación sobre interocepción distingue entre cuánto atendemos a nuestras señales internas y la precisión con la que somos capaces de identificarlas. Puedes dedicar mucha atención a una sensación y seguir teniendo dudas sobre qué significa.

Cuanto más compruebas cómo estás, más cosas empiezas a notar

Si durante diez minutos prestas atención deliberadamente a tu respiración, probablemente empieces a percibir aspectos de ella en los que antes no estabas pensando. Lo mismo puede ocurrir con el corazón, el equilibrio, la tensión muscular o determinadas sensaciones en la cabeza.

Por eso puede producirse una situación aparentemente contradictoria: compruebas tu cuerpo para quedarte tranquilo, pero terminas encontrando nuevas cosas que comprobar. Una respiración que no parece suficientemente profunda lleva a hacer otra inspiración; un pequeño mareo lleva a caminar para comprobar el equilibrio; una palpitación lleva a observar las siguientes.

En consulta me interesa especialmente saber qué ocurre justo después de la comprobación. Si durante unos minutos la persona se queda tranquila pero después vuelve a necesitar comprobar, esa secuencia nos da información importante. La seguridad conseguida mediante la comprobación está teniendo una duración muy corta.

Empiezas a decidir qué hacer según cómo te encuentres

Estar pendiente del cuerpo puede acabar influyendo en decisiones que aparentemente no tienen nada que ver con él. Cómo te encuentras empieza a funcionar como una señal para decidir si puedes continuar con lo que ibas a hacer o es mejor evitarlo.

En consulta me fijo especialmente cuando empiezan a aparecer situaciones como estas:

Antes de salir de casa, compruebas cómo te encuentras y decides en función de ello.
Si notas algo de mareo o debilidad, esperas a que desaparezca antes de continuar.
Evitas conducir, hacer ejercicio o alejarte de determinados lugares si ese día no te notas del todo bien.
Cancelas o modificas un plan porque aparece una sensación que normalmente habrías dejado pasar.
Te dices «voy a esperar un poco a ver si se me pasa» y vuelves a comprobar cómo estás antes de decidir.
Buscas encontrarte suficientemente bien antes de retomar algo que habías interrumpido.

Aquí la comprobación ya no sirve únicamente para saber cómo estás o tranquilizarte. Empieza a modificar tu conducta. Por eso, una pregunta que utilizo en consulta es: «¿Qué habrías hecho en ese momento si no hubieras comprobado cómo te encontrabas?». Si la respuesta es «habría seguido», «habría salido» o «ni siquiera me lo habría planteado», podemos empezar a ver hasta qué punto la vigilancia corporal está condicionando decisiones que antes no dependían de cómo te sentías.

«¿Y si dejo de vigilarme y realmente me pasa algo?»

Aquí suele aparecer una dificultad bastante lógica. Si la persona lleva tiempo utilizando la vigilancia como una forma de prevenir que algo le ocurra, reducirla puede sentirse inicialmente como dejar de protegerse.

Por eso hay que diferenciar dos situaciones. Una cosa es atender a un síntoma nuevo, intenso, persistente o que requiere valoración médica. Otra diferente es comprobar repetidamente una sensación conocida porque necesitas confirmar una vez más que no está ocurriendo nada.

Esta distinción es importante en terapia. Decir simplemente a alguien «no hagas caso a tus síntomas» no me parece una buena intervención. Lo que interesa analizar es cuándo atender al cuerpo aporta información útil y cuándo se ha convertido en una búsqueda repetida de seguridad.

Cuando empezaste a vigilar tu cuerpo después de un ataque de ansiedad

En algunas personas hay un antes y un después bastante claro. Han tenido una crisis de ansiedad en la que experimentaron sensaciones físicas muy intensas y, desde entonces, esas mismas sensaciones han adquirido otro significado.

Si durante aquella crisis hubo mareo, taquicardia o dificultad para respirar, posteriormente pueden empezar a utilizarse como señales tempranas: «si noto esto, quizá esté empezando otra vez». La persona intenta detectar la crisis antes de que llegue y acaba observando continuamente si aparece alguna de esas señales.

Aquí conviene diferenciar los dos problemas. Si lo que ocupa principalmente tu atención es el temor a sufrir una nueva crisis, lo desarrollo en desde que tuve un ataque de ansiedad, tengo miedo de que vuelva. En este artículo estamos centrándonos en lo que ocurre cuando comprobar el cuerpo se ha convertido en una conducta frecuente por sí misma.

Infografía sobre ansiedad y vigilancia corporal, con ejemplos de comprobaciones frecuentes y cómo pueden empezar a condicionar lo que haces.

Qué hacer cuando te descubres comprobando cómo estás

Cuando alguien intenta simplemente «dejar de estar pendiente», suele encontrarse con que vuelve a hacerlo casi sin darse cuenta. Por eso me parece más útil empezar identificando la comprobación concreta, en lugar de intentar controlar dónde está puesta la atención durante todo el día. Por ejemplo:

Si acabas de hacer una inspiración profunda para comprobar que respiras bien, identifica que eso ha sido una comprobación antes de repetirla.
Si te levantas para saber si sigues mareado, observa si realmente necesitabas levantarte o estabas haciendo una prueba.
Si llevas varios minutos preguntándote si una sensación ha disminuido, vuelve a lo que estabas haciendo sin esperar a tener una respuesta definitiva.
Fíjate en cuánto dura la tranquilidad después de comprobar. Si a los pocos minutos necesitas una nueva confirmación, esa comprobación está resolviendo muy poco.

Una distinción que suelo trabajar es la diferencia entre notar una sensación y buscarla. Puedes darte cuenta espontáneamente de que el corazón late deprisa. Otra cosa es comprobar varias veces durante los minutos siguientes si continúa haciéndolo. Es en esa segunda parte donde normalmente tenemos más margen de intervención.

Cómo trabajo la vigilancia corporal en terapia

Cuando alguien me dice que está todo el día pendiente de su cuerpo, intento reconstruir qué ocurre desde que aparece una sensación hasta que consigue quedarse tranquilo. Qué nota primero, qué piensa que puede significar, qué comprueba después y cuánto tiempo le sirve esa comprobación.

Esto permite trabajar sobre algo mucho más concreto que «tener ansiedad». En una persona puede ser necesario dejar de comprobar repetidamente la respiración; en otra, reducir las pruebas que hace cuando se siente mareada; y en otra, el problema puede estar en que ha empezado a decidir si sale, conduce, hace deporte o queda con alguien en función de cómo siente su cuerpo en ese momento.

Cuando la vigilancia corporal empieza a condicionar de esta manera el día a día, puede abordarse dentro de la terapia online para la ansiedad, valorando qué función tienen esas comprobaciones en cada caso.

Preguntas frecuentes sobre ansiedad y vigilancia corporal

¿Por qué estoy tan pendiente de las sensaciones de mi cuerpo?

Cuando determinadas sensaciones empiezan a asociarse con peligro o con la posibilidad de encontrarte mal, es más fácil que tu atención vuelva hacia ellas. Esto puede ocurrir especialmente después de haber vivido sensaciones físicas intensas durante periodos de ansiedad.

¿Estar pendiente de mi cuerpo significa que tengo hipocondría?

No necesariamente. Puedes vigilar tus sensaciones porque temes encontrarte mal, perder el control o volver a experimentar una crisis sin que exista una preocupación central por padecer una enfermedad. La vigilancia corporal aparece en distintos problemas relacionados con la ansiedad.

¿Por qué parece que noto más cosas cuanto más me observo?

Porque al dirigir deliberadamente la atención hacia determinadas señales corporales empiezas a detectar variaciones que en otras circunstancias podrían haber pasado inadvertidas. La sensación puede ser completamente real; lo que cambia es la atención que recibe y el significado que adquiere.

¿Cómo puedo saber si estoy escuchando mi cuerpo o comprobándolo?

Una pista útil es observar qué buscas al prestar atención. Si aparece espontáneamente una sensación y respondes a ella, estás atendiendo a información del cuerpo. Si vuelves repetidamente a observarla para obtener la certeza de que estás bien, probablemente haya una comprobación.

Autoría y revisión profesional

Este contenido tiene finalidad informativa y no sustituye una evaluación psicológica individual.

Artículo escrito y revisado por Sergio Gallego de Lerma Díaz, Psicólogo General Sanitario, colegiado M-34431. En consulta trabajo con adultos que presentan problemas de ansiedad y que han empezado a estar excesivamente pendientes de sus sensaciones corporales, especialmente cuando comprobar cómo se encuentran, anticipar que pueden encontrarse mal o modificar lo que hacen en función de esas sensaciones empieza a condicionar su día a día.

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Sergio Gallego de Lerma Díaz, psicólogo general Sanitario, número colegiado M-34431
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Psicólogo General Sanitario, colegiado M-34431, especializado en terapia psicológica online para adultos y parejas. Cuenta con formación en Terapia Cognitivo-Conductual, terapias contextuales y de tercera generación, EMDR, Activación Conductual y terapia de pareja, entre otros enfoques basados en la evidencia. En El Psicólogo Virtual aborda problemas como ansiedad, TOC y pensamientos obsesivos, depresión, trauma, dificultades de pareja, autoestima, estrés laboral, insomnio y otros problemas emocionales. Los contenidos de esta web están elaborados desde una perspectiva profesional y divulgativa, apoyándose en la evidencia científica y en la experiencia clínica.

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